La entrada en vigor del Tratado de Alta Mar (en inglés conocido como Biodiversity Beyond National Jurisdiction BBNJ) este 17 de enero de 2026, representa uno de los avances más importantes en la historia reciente de la gobernanza oceánica. Por primera vez, la comunidad internacional cuenta con un marco jurídico vinculante para proteger la biodiversidad marina en áreas más allá de la jurisdicción nacional: alta mar.
Estas aguas cubren aproximadamente el 64 % del océano y cerca del 40 % de la superficie del planeta, y constituyen uno de los mayores reservorios de biodiversidad del mundo. Sin embargo, hasta hace poco, apenas alrededor del 1,2 % de la alta mar contaba con algún nivel de protección, lo que la ha convertido en un espacio altamente vulnerable a amenazas como la sobrepesca, la contaminación, el tráfico marítimo intensivo y los impactos del cambio climático.
El Tratado de Alta Mar busca cerrar esta brecha histórica. Entre sus principales disposiciones se incluyen:
- Creación de Áreas Marinas Protegidas en alta mar
- Exigencia de evaluaciones de impacto ambiental para nuevas actividades
- Reparto justo y equitativo de los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos
- Fortalecimiento de la cooperación científica, la transferencia tecnológica y el financiamiento, especialmente para países en desarrollo.
Impacto de este tratado para Galápagos
Aunque Galápagos se encuentra bajo jurisdicción ecuatoriana, su biodiversidad marina está profundamente conectada con la alta mar. Numerosas especies que habitan la Reserva Marina de Galápagos, como tiburones, rayas, ballenas, tortugas marinas y peces de interés comercial como atunes, dependen de rutas migratorias que atraviesan aguas internacionales. Lo que ocurre en alta mar tiene, por tanto, efectos directos sobre la salud de los ecosistemas del archipiélago.
La entrada en vigor del Tratado de Alta Mar refuerza los esfuerzos que Galápagos ha liderado durante años en conservación marina, conectividad ecológica y manejo basado en ciencia. Este nuevo marco internacional abre oportunidades concretas para proteger corredores oceánicos, reducir presiones externas sobre especies altamente migratorias y fortalecer la cooperación regional e internacional en favor del océano.
«La alta mar y Galápagos están profundamente conectadas. La entrada en vigor del Tratado de Alta Mar es un paso fundamental para asegurar que los esfuerzos de conservación que realizamos a nivel local no se vean debilitados por actividades no reguladas fuera de nuestras fronteras. Proteger el océano requiere una visión integral y cooperación global», señala Eliecer Cruz, Director del Programa Galápagos de Fundación Jocotoco.
Desde Fundación Jocotoco entendemos que este tratado no es solo un logro diplomático, sino una herramienta concreta para avanzar hacia una gobernanza oceánica más justa y efectiva. Su implementación permitirá que los países participen activamente en la toma de decisiones sobre la conservación de la alta mar, accedan a beneficios científicos y tecnológicos, y contribuyan a la protección de ecosistemas que sostienen la vida marina a escala planetaria.
En un contexto de amenazas crecientes para el océano, la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar nos recuerda que la conservación marina es un desafío global con impactos locales. Convertir este acuerdo histórico en resultados reales será clave para asegurar que ecosistemas emblemáticos como Galápagos, y las comunidades que dependen de ellos, continúen siendo resilientes frente a los desafíos del presente y del futuro.



